domingo, 31 de enero de 2016

"Sufragistak" filma: E. Pankhurst, Emily Davison...

Gustuko al dituzu zinemagintzahistoria eta emakume gaia? Nahi al duzu Batxilergoko ikasgelako giroan murgildu? Eta, horrekin batera, seme-alabarekin ordu pare bat konpartitu? Ez pentsatu bi aldiz, gonbidatu seme-alaba zinemara joatera eta egin jauzia XX. mende hasierara, emakumearen boto-eskubidearen aldeko borrokan eragile nagusia izan zen mugimendu sufragistaren garaira.
1903an, emakumearen sufragioaren aldeko kanpaina indarberritu zen Emakumeen Gizarte eta Politika Batasuna taldea sortzearen bidez, Emmeline Pankhurst eta haren alabek sustatuta. Hainbestetan ezezkoa jaso ondoren, zuzeneko borrokari ekin zioten: horrela, ministroen hitzaldiak eragotzi zituzten eta alderdi liberalaren bileretan agertu ziren, eskariak aurkezteko. Betiko propaganda-bideez gain (mitinez eta manifestazioez gain, esaterako), bestelakoak ere erabili zituzten: adibidez, sabotajea, dendak eta establezimendu publikoak erretzea, eta politikari eta parlamentuko kide nabarmenen etxeei eraso egitea.

"Bost axola digute zuen legeek, jaunok; guk gauza horien guztien gainean emakumearen askatasuna eta duintasuna jartzen ditugu, eta gerra horretan jarraituko dugu iraganean egin bezalaxe. Ez gara izango, ordea, sakrifikatuko dugun ondarearen erantzuleak, ezta ondareak izango duen kaltearen erantzuleak ere, gobernua baizik; gobernuak dio gure eskaerak bidezkoak direla, baina ez ditu bete nahi" (Emmeline Pankhurst).


miércoles, 27 de enero de 2016

ENNECO: Un proyecto para recuperar nuestra Historia

Reportaje emitido en Nafar Telebista [3 minutos]:


Y entrevista realizada en Onda Vasca [13 minutos]:


Ejem, en la entrevista digo 60 metros cuadrados, cuando en verdad son 60.000, en fin! cosas del directo.


miércoles, 13 de enero de 2016

Adolf Hitlerren "Mein Kampf" berrargitaratu dute

Alexander Heinl, Efe
  Hirurogeita hamar urteren ostean, Adolf Hitlerrek idatzitako Mein Kampf (Nire Borroka) salgai dago berriz ere liburu dendetan. Oraingoan edizio kritikoa da, Municheko Egungo Historia Institutuak hainbat hamarkadetan landu duena. Edizio berriak oinaldeko 3.500 ohar baino gehiago ditu, eta puntuz puntu egiten die aurre Alemaniako fuhrer-aren pentsamenduari.
   Ikusten badugu garai hartan zenbat ale saldu ziren, sinestezina egiten zaigu gerra ondoren alemaniar askok esandakoa, hau da, ez zekitela naziek zer egiten zuten. Ludger Mees historialariak gaur Berriak egindako elkarrizketan azaldu bezala, "Erregimen nazionalsozialistaren garaian liburu hori oparitu egiten zuten ezkontzetan; ohikoa zen bikoteari oparitzea, eta hainbat ospakizunetan ere opari gisa ematen zen. Hamabi miloiko argitaraldia izan zuen. [...] Bigarren Mundu Gerra eta holokaustoa amaitu ondoren, Alemaniako gizartean argudio edo aitzakia bat zabaldu zen. Hura guztia nola gertatu ahal izan zen galdetuta, sarri askotan erantzun bera ematen zen: "Guk ez genekien holokaustoan zer gertatu zen; horren berri gerora jakin genuen". "Ez genekien Auschwitz zer zen". Jende arruntak ezjakintasuna erabil zuen aitzakiatzat, bai eta garai hartako intelektual askok ere. Baina Mein Kampf irakurtzen baduzu, han dago zehatz-mehatz idatzita gero berak [Hitlerrek] egingo zuena. Iragarrita zegoen, paper gainean, zer asmo zituen juduekiko. Gerora egingo zuten guztia idatzita zegoen hamar urte lehenago liburuan". Zinez, belaunaldi berriek ez lukete gertatu zena ahaztu beharko.

domingo, 10 de enero de 2016

Viaje de Juan al "Norte" hace ya 60 años

  
Ya está en la calle el número 231 de la revista Ezkaba, el primero de 2016. En esta ocasión la sección de Historia ha publicado dos artículos: "La instrucción pública o como poner zancadillas", donde Berni Apestegia nos acerca a las primeras experiencias educativas en Arrotxapea a finales del siglo XIX y principios del XX; y "Érase una vez, hace ya 60 años...", donde he recogido la entrevista realizada a un vecino de 81 años sobre su llegada al "Norte", sin fotografías ni datos personales, respetando la voluntad del entrevistado. Para leer la revista no tienes más que hacer un clic en el siguiente enlace. A continuación reproduzco el artículo en cuestión. On degizula!



Érase una vez, hace ya 60 años...

Bazen behin 23 urteko gazte bat, lan bila Gaztelako lur eremu zabal horiek utzi eta “Iparraldera” hurbildu zena. Juanek kontatuko digu Maríak Ebro zeharkatu baino lehen izandako lan esperientzia.

En 1957, Juan, el pequeño de cinco hermanos, decidió abandonar los campos castellanos en busca de un futuro menos incierto, “aquí, en el Norte”. Como miles y miles de jóvenes procedentes de los más diversos rincones más allá del Ebro, Juan dejó el pueblo, y con él los amigos, la familia, y la chica de su vida, María, con quien empezó a “hablar” cuando tenía 12 años, dos más que ella.

Agur al pueblo
Viviendas Beurko (Barkaldo) para trabajadoras/es migrantes
Fotografía: Carlos Ibáñez
Juan, con 23 años, regresaba de la mili con la intención de marchar a Barcelona, pero la familia necesitaba de sus brazos para sacar adelante la cosecha de ese año: “Me mandaban recomendado para ir a un taller, por el comandante, diciendo que allí iba a tener buen trabajo. Pero como mis padres querían que segara lo nuestro, segué lo nuestro, luego lo de Trini, luego lo de Pedro, luego lo de tío Moño, me tiré mes y medio segando trigo aquel verano, y luego después nos fuimos para Cuelgamuros, donde estuvimos segando, y de ahí marchamos para Bilbao... sí, desperdicié aquella ocasión por segar lo de mi padre y todo lo demás”.
La familia no se lo tomó bien, y mucho menos María. “Precisamente el día que me fui a Bilbao, fui al pueblo de al lado a hacer una chaqueta y un pantalón, y vi a una chica, y quedé a comer más tarde, sobre las tres, nos sacaron unos bocadillos porque no estaba el amo, y luego estuve toda la tarde con ella hasta las 11 de la noche”. Juan se acercó entonces a casa de la novia a despedirse. Sabía que los padres se habían ido a casa de una hermana, así que llamó a la puerta. Una vecina ya le había avisado: “¡Anda, que buena la tienes!”. Evidentemente, en pueblo pequeño no hay secreto alguno. “Llamé y salió a la puerta y se volvió: “Sinvergüenza”. Y yo: “¡Como no salgas entro yo!”; y claro, salió, yo me iba a Bilbao por la mañana, así que estuvimos enfadados mucho tiempo. En noviembre volví para fiestas, y seguíamos enfadados todavía, así que yo me hablé con Lucía y luego con Piedad, que era amiga suya; también acompañé a una prima mía, y a una hermana de un quinto, que era muy guapa y se murió; y con otra...”.

La patrona
Domingo en la campa de Lasesarre (Barakaldo)
Fotografía: Carlos Ibáñez
Llegó el momento de partir. Juan y tres amigos más marcharon a la estación del pueblo vecino, y subieron al tren. A la tarde se encontraban ya en Barakaldo. A la tarde buscamos ya patrona en la dirección que nos dio un quinto mío, en la Avenida Vitoria, pero esa patrona nos daba poco de comer”. ¿Cómo puede ser eso siendo de vuestro pueblo?. “Yo qué sé... la patrona decía “este jodido que poco patatero es” ¡Pero si es que lo hacía mal!”.
“Teníamos una habitación para los dos. Era buena cama, porque dormíamos los dos en la misma, no era chica... Teníamos un armario para tener las cosas, una habitación no demasiado grande pero buena. Y no costaba mucho, bueno, no era mucho, pero en proporción con el salario sí, lo que pasa que yo trabajaba ya a destajo y empecé a ganar más”.

Primeros trabajos
Entonces no había problemas de trabajo. Leyes proteccionistas, ilegalidad de la huelga, iniciativa empresarial... se combinaron para aumentar espectacularmente la producción en aquella Vizcaya bajo el franquismo. “En seguida encontré trabajo, estuvimos en obras, creo que primero en Deusto, yo trabajaba a destajo, a veces salía por la mañana a buscar también para Gonzalo y otros dos chicos, y si encontraba algo donde se ganaba más, pues nos íbamos. Me abonaban una hora o dos cada uno, y lo hice varias veces hasta que nos fuimos a otra empresa más grande, porque se trabajaba bastante”.
Juan recuerda con orgullo haber sido un buen trabajador, y las risas de aquel fanfarrón que cesaron cuando, al cabo de unas horas en el tajo, el encargado le dijo: “Pues me parece que el pequeño te está comiendo el cocido”. Los piques solían ser continuos, para alegría de los jefes y desgracia de la salud de los trabajadores. “Un día que había llovido, empezamos a cargar camiones, y se mofaban, que si cargamos 17, 18 a la jornada... me miró el encargado, que era quinto, y le dije: “Bueno, ya veremos”. Y todos los días les sacábamos un camión de diferencia. Un día les dijo Gonzalo: “¿Por qué no os reís ahora del pequeño?”
Las jornadas no eran nunca inferiores a las diez horas. “Nos levantaríamos a las siete y pico, para las ocho estar en el trabajo. Desayunábamos en un bar, unas tostadas o unas galletas con leche, y tomábamos a veces una copilla de coñac o de orujo. Parábamos para comer de 1 a 2, con la fiambrera que llevábamos de la patrona: unas patatas con arroz, o garbanzos, judías, y un cacho chorizo o tocino... con un poco de vino. El acuerdo con la patrona era comida y cena, comida nos echaba en la tartera, pero como nos daba muy mal de cenar, pues muchas veces cenábamos donde una que era riojana, que nos ponía siempre pan redondo, una botilla de vino y otra de casera. Terminábamos el trabajo sobre las siete, dábamos una vuelta y tomábamos unos vinos. Sólo librábamos el domingo. Imagínate, una vez fuimos al cine y no teníamos dinero para las entradas”.
Juan, como la mayoría de sus compañeros, no tenía aún conciencia de clase. No estaba la cosa para hacer huelgas dentro de un régimen dictatorial que se impuso a toque de corneta, aceite de ricino y nacionalcatolicismo. El miedo cuesta mucho arrancarlo de la piel de los derrotados. Juan recuerda aquel compañero que querían despedir porque no trabajaba lo suficiente. “Fui a hablar con el director y con el jefe de personal juntos. Les dije que era un hombre con familia, y si no valía que no se le podía echar, pónganle de pinche, para que haga los recados, y le pusieron de pinche. Pero, ¿sabes qué pasó? Que se chivaba de todos. Los compañeros se quejaban todos los días, y ya le cogí un día en el water y le hice llorar, le dije: oye, estás aquí porque no se quedara sin comida tu familia, ¿y ahora haces esto? Mira, ya les he sujetado para que no salgan una tarde y te den una paliza, a ver qué haces”. Juan había aceptado el cargo de encargado, pero eso no era para él. “Yo me portaba bien con la gente”, dice mirando al horizonte.
De la obra pasó a la fábrica Mebunik de Barakaldo, fundada un año antes, un taller dedicado a la producción de elementos de varilla para el sector de distribucción-carros de supermercados, donde estaría ocho o nueve años. Tras cinco años trabajando, en 1962, su “novia de toda la vida”, María hizo el mismo recorrido para seguir “hablándose” y casarse con quien sigue siendo hoy, 53 años más tarde, su compañero de alegrías y alguna que otra tristeza. ¿Como llegaron a Arrotxapea? Eso ya es otra historia.

Texto: Patxi Abasolo López
Ezkaba, nº 231, enero 2016.